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jueves, 13 de diciembre de 2012

Un dios a la medida.



Cuando un ateo escribe sobre “Dios”, lo hace por el simple hecho de que es la representación divina más cercana a su entorno social, así que, aunque al ateísmo no es un rechazo a ese “único” dios, lo tomamos como un concepto que generaliza sobre los miles de códigos religiosos y mitológicos. Pero bueno, desde hace algún tiempo vengo escuchando un concepto religioso que me llama la atención, lo escucho de esos creyentes modernos o más jóvenes, quienes como cualquier cosa moderna, tratamos de ajustarnos a la moda y a los “nuevos virajes” del conocimiento científico. Sin embargo, este concepto es alimentado por pastores o lideres que intentan voltear la imagen del dios tradicional. Resulta que como es normal, hemos conocido a un dios (judeocristiano) figurativo del hombre, a su imagen y semejanza, tiránico y egocéntrico, que busca alabanza, perdona al arrepentido y se vale de sus secuaces para impartir justicia, salud y prosperidad. Los santos, la maría, Jesucristo divinizado, ángeles, arcángeles, espíritu santo, todo ellos como el batallón misericordioso que salva al mundo de las penas y del sufrimiento cada vez pierden credibilidad. Como lo dije, el conocimiento científico está derrumbando querubines, una película que vuelve a rodar unos cuantos siglos después, cuando cayeron en nombre del cristianismo antiguos dioses personificados y de mayor coherencia humana. 

Pues hoy, la imagen de dios es una representación única, solitaria, individual, donde la interacción con él es de manera directa, sin intermediarios, sin batallones, sin comisionistas.  Es una expresión donde se presenta al dios de occidente como un núcleo, el foco de toda sabiduría y expresión de misericordia, arrinconado por la ciencia y el mundo moderno a una simple idea todopoderosa, omnipotente, alejado de toda circunstancia conexa, como un vinculo extraño entre el “yo” y el “dios” de todos, que me escucha mientras escucha a miles. Es un dios creador, inventor, que mueve los hilos de la ciencia para permitirle al hombre conocer como actúa su voluntad, como hizo el universo, eso sí, espero millones de años para hacérnoslo saber. Un dios a la medida es lo más fácil para hacerle frente a las múltiples objeciones.

Las contradicciones teológicas llegan a un punto de no retorno, se estancan en una esquina, acorraladas, sumisas esperando solo el golpe final… la ciencia está cerca de encontrar respuestas profundas, pero la argucia cada vez se camuflará déjenme decirlo, de manera estúpida. 

Sostener ese divino aparato es costoso, quema neuronas, quita esperanzas, borra ilusiones, suprime la innovación y descarta la esencia del hombre, arropa la belleza femenina, la fracciona y la humilla, tiene la negación de la negación, si imprime sobre papel mojado y retiene el tiempo en la oscuridad.  No importa que alaben, que amen, que imploren, que expresn hermandad, en el fondo la cultura religiosa esconde el peor de los males: la esperanza perdida en futuros inciertos y verdades fantásticas. 

viernes, 23 de marzo de 2012

La ruta de mi Ateismo


Mario Alejandro Lemus.

Antes de cumplir los 15 Años, comencé a preferir las pequeñas y temporales verdades de la ciencia, que las grandes e infinitas mentiras de la religión, y en ese camino indudablemente se atravesó el colegio donde estudie mi bachillerato, antagónicamente llamado Nuestra Señora de Fátima.

Recuerdo mis 16 años, cuando empezaba la clase de “religión”, en la que, cada vez me sentía incomodo, pues creía que esa materia debería parecerse más a una clase de historia, pero  se trataba de oraciones y valores “católico-cristianos” predicados por un profesor diacono de una Iglesia católica cercana a mi barrio, contradictoriamente de nombre Pastor, del que recuerdo llegaba cantando con alegría. Ese momento servía más para pasárnosla de desordenados tocando fuerte los pupitres al son de los aplausos.  Eran los primeros años del nuevo siglo, la ciencia cada vez más rápido va aportando a la humanidad luces sobre el pasado, el presente y el futuro, datos interesantes que no valían la pena ser apartados de nuestra adolescente vida,  pero lamentablemente era así. De todas formas me resistía a recibir ese tipo de educación religiosa contraria a mis apreciaciones, eran los meses en que dios ya no existía para mí.  

viernes, 10 de febrero de 2012

El librito aquel…


Gulliver
Una historia personalmente anónima.

¿Quién es el presidente de Colombia? ¡Cesar Gaviria Trujillo!!! Preguntaba mi mamá y yo respondía.  4 años y medio me contaban, cuando se empezó a aplicar en Colombia la política económica a la que hoy le hago oposición. Junto a esa enérgica respuesta mía, se encontraban varias cosas que hacían eco. Acuñada entre las latas del techo una imagen,  la de un hombre pensativo, con bigote y mirando hacia un lado: Pablo Escobar, el posterior Narco más conocido en la historia de Colombia; Un periódico doblado con la trágica noticia del asesinato de otro hombre con bigote, más claro en esta ocasión, pero igualmente pensativo y con mirada lejana, el Inolvidable Luis Carlos Galán, mi abuela liberal de aquellas que marcan